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20100412

La mala intención

A pesar del escandaloso hedor de corrupción que recorre las filas del PP —y la corporeidad de los cadáveres políticos que se descubren por doquier entre sus cargos y afiliados—, la intención de voto se mantiene. Aquí no ha pasado nada. 

Tal vez los votantes —me digo— esperen la sentencia de los jueces antes de tomarse la revancha. Cuánta prudencia a la vista de tan sólidas pruebas. 

Diríase que el Partido Popular ofrece a sus votantes una opción cómoda que libera de la necesidad de realizar grandes —o pequeños— esfuerzos intelectuales y/o ético-morales. De hecho, abomina de tales artificios. Basta el sano deseo de medrar. Sea gracias a los favores que el superior en jerarquía tenga a bien otorgar, sea por la cara bonita o por las sustanciosas comisiones y sobornos, el partido no exige ideologías. La ideología del soborno y el regalito, esa sí. Orgánica, justa y necesaria. Sobre todo, orgánica. Como le gustaba a Paquito. 

El proyecto del PP para gobernar siempre ha sido, es y será, una robusta política de estómagos agradecidos. Para qué más.

20100410

Cláusulas abusivas

Si en la compra de, por ejemplo, un sacacorchos o una plancha —objetos de escasa relevancia— nos hicieran firmar un contrato que incluyese cláusulas abusivas, tales cláusulas se darían por no puestas. Cuánto más habrá que considerarlas nulas en asuntos de mayor transcendencia.

Así, las cláusulas abusivas que según parece dice la derecha que la izquierda firmó para dar trapo a la llamada Transición, ténganse por no puestas.

Cuando los golfos apandadores vieron venírsele encima el caso Gürtel urdieron un modo de amedrentar a Garzón y, en última instancia, apartarlo del asunto. Dijeron y dicen todavía que la policía se dedica a contar mentiras tralará. 

Este asunto de juzgar a Garzón no responde únicamente a la oposición de la derecha a que se investigue y avive la memoria. Se trata también de ocultar la corrupción esencial del Partido Popular. 

Demasiado tarde. Imposible.