Decir «izquierda» o «derecha» para expresar el carácter de las convicciones políticas —en el caso de una persona de izquierdas— y de los intereses —en el de una de derechas— se remonta al 11 de septiembre de 1789, cuando se votó —en la Asamblea Nacional Constituyente, surgida de la Revolución Francesa— un artículo que pretendía otorgar al rey la capacidad de veto sobre la Asamblea Legislativa, lo que suponía la perpetuación del absolutismo.
Los diputados a favor se agruparon a la derecha de la presidencia de la Asamblea; por su parte, quienes querían la soberanía nacional por encima de cualquier rey y defendían conceder al monarca un veto tan sólo suspensivo y limitado en tiempo y forma, lo hicieron a la izquierda.
«Izquierda» quedó así unida al cambio político y social en favor de la mayoría.
«Derecha» quedó asociada a las opciones interesadas en mantener los privilegios y el poder de unos pocos contra la mayoría.