20120614

La superación del capitalismo (vii) Caiga la banca

«...el Estado español ha escogido ayudar a los bancos a costa de los intereses de la población. Y de esto es de lo que no se habla. Las raíces de la crisis financiera -el excesivo poder de los ricos y de los súper ricos en España y de sus bancos- no se está ni siquiera tocando. Y así estamos».—Vicenç Navarro en La banca no somos todos.

No se trata de salvar a la «bankia» española o de permanecer en el euro; se trata de mantener y ampliar nuestros derechos —sí, los civiles también—, de mantener y ampliar nuestra sanidad y nuestra educación —públicas, gratuitas, de calidad, universales—, de incrementar y mejorar nuestros servicios sociales, de que haya trabajo para todos, se trata de mejorar nuestras vidas. Y esto, con la garantía del Estado.
        Para eso debe servirnos el Estado.
        ¿Qué sentido tiene si no?

        Si hay dinero para Bankia —para la banca en general—, hay dinero para todo lo público; para mantenerlo, extenderlo, ampliarlo y mejorarlo: sanidad, educación, justicia, empleo, seguridad y servicios sociales.
        Este sencillo razonamiento —y las próximas elecciones griegas— ha hecho que se nos nieguen todas las posibilidades salvo la del rescate.
        El objetivo de esta «crisis» consiste en un cambio de sistema; el del Estado del Bienestar por un regreso a la Edad Media.
        
        Hay que negarse a pagar la deuda impropia, negarse a pagar la factura de lo ficticio, rechazar la cuenta que presentan los especuladores y castigar la estafa, el latrocinio y la traición.

        Además, si el Banco Central Europeo sigue siendo lo que es —instrumento para aherrojar a gobiernos y Estados de la UE—, más nos valdría salir del euro; una vez pasado el mal trago seremos libres de estar en nuestra casa y hacer de nuestra capa un sayo.

Peor sería quedar al pairo, manejados por la voluntad de este mar de los «mercados», sin más esperanza que un naufragio infinito, generación tras generación, lastrados por la rueda de molino del euro con que nos obligue a comulgar el capital, esclavos de la banca nacional e internacional y los insaciables bankiosos.

Aún hay quien se extraña de que haya pitos al himno y se queme banderas rojigualdas.