«¡Dichoso el hombre al que una patria floreciente alegra y fortifica el corazón. A mí, cuando alguien me recuerda la mía, es como si me tirasen a un charco, como si clavaran sobre mí la tapa del ataúd, y cuando alguien me llama griego, siento como si acabara de echarme al cuello el collar de un perro.
»Y mira tú, Belarmino, cada vez que se me han escapado tales o semejantes palabras, cada vez que la rabia hizo llegar una lágrima a mis ojos, se me acercaban esos sabios que tanto gustan de figurar en Alemania, esos miserables para los que un alma que sufre es justamente lo que necesitan para aplicarle sus consejos, y muy amistosamente se dignaron echarme una mano y me dijeron: "¡No te lamentes, actúa!"
»¡Ojala no hubiera actuado nunca! ¡Algo mas rico sería en tantas esperanzas!»
—Friedrich Hölderlin, Hiperión. (Trad.: Jesús Munárriz).