El ex presidente de la Junta de Extremadura, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, publica en El País un artículo titulado "Ajustes e izquierdas". Asumo que lo ha escrito como hay que escribir, con premeditación y alevosía. Podría ser, no obstante, que le hubiera sentado mal la cena.
En su artículo —tipo Simancas, ¿recuerdan? "Es duro… pero es necesario"— envía un reproche soterrado a los sindicatos por su intención de movilizarse contra las medidas que este gobierno "socialdemócrata" pretende imponer.
El señor Rodríguez Ibarra debe tener en cuenta que las medidas contra el déficit que ha tomado este gobierno podrían haber sido otras, deberían haber sido otras y deben ser otras. Ha de recordar asimismo que la situación económica no es culpa de los sindicatos ni del electorado. En esta ínsula Barataria que llaman Reino de España, al electorado se le busca una vez cada cuatro años y basta, después se le envía al depósito de cadáveres por otros tantos. No me lo involucre en sus hipnagogias.
Rodríguez Ibarra reprocha a los sindicatos —y al electorado— por no haberse movilizado y salido a la calle a defender al presidente cuando los mercados empezaron a meterse con él, por ser tan guai y defender tanto el estado del bienestar. Venga ya. Salir a la calle para solidarizarse con el presidente, defenderlo de qué, ante quién, contra qué. ¿De los mercados, de los inversores? Dígale al presidente y apóyelo en ello, señor Rodríguez Ibarra, que legisle contra los mercados, que los regule, que muestre y demuestre el poder que emana del pueblo. Ya…, que no…, que el poder que tiene en las manos no es del pueblo. Que es del partido. Ya…, sí…, sí…, sí… Culpa mía. Se me olvida que no estamos en una democracia de verdad.
Rodríguez Ibarra abunda —como la mayoría de los cargos electos y los que tienen esperanza en serlo y en volver a serlo— en más de lo mismo, agradar a su señor, y nos presenta a Zapatero como lo quiere el partido, matiz "pobrecito, lo que sufre". Y al fin lo inmolarán si con ello el partido puede soltar lastre y mejorar expectativas.
En cuanto a los sindicatos, cuando se les quiere, se les quiere de mamporreros. ¿Qué esperaba el señor Rodríguez Ibarra? Para una ocasión que tienen de parecerse a lo que deberían ser, ande, déjelos pastar a sus anchas que esta vez incluso coincide con el deseo —y las razones— de la izquierda. Y no me venga con amagos de plañidera; las movilizaciones no son como usted dice para que la derecha gobierne. Son para que ese partido suyo deje de esconderse tras el gobierno y el gobierno tras las circunstancias y la cosa euroyanqui.
Lo único que puede y debe hacer el PSOE es limpiar los engranajes y girar a la izquierda, de donde nunca debió moverse. Ah, que nunca estuvo ahí…, ya…, disculpe…, me había parecido.
A estas alturas pretende el señor Rodríguez Ibarra hacer pasar a los psoelistas por socialistas, por gentes de izquierda. El PSOE lleva años sugiriendo al electorado que una política de verdadero socialismo podría mover a la derecha a una —¿otra?— insurreción armada o similar. Así consiguió meterse en política. Metiendo miedo. La gente le creyó y dejó de votar al Partido Comunista. Aquí estamos ahora, con los señores del puro metiéndonoslo en el… ojo.
Rodríguez Ibarra dice, al final de su artículo, que es de izquierdas y que luchará para que triunfe la política y no la economía especulativa.
A ver si es verdad.