Nos toca, señores, ser cartagineses. Y los romanos, esta vez —otra vez—, son los hedge funds, la banca, el poder financiero.
El capitalismo a través de sus voceros —Fondo Monetario Internacional, Banco Central Europeo, Banco de España, las agencias de calificación— somete a España a nuevas imposiciones, siguiendo el guión previsto del chantaje. Otra vuelta de tuerca…, y vendrá otra y otra y otra.
Roma arrasó Cartago. La borró del mapa aun cuando los cartagineses capitularon y se sometieron a todas las exigencias. Precisamente por ello. El senado romano forzó a Cartago a aceptar un impuesto tras otro, una servidumbre tras otra, condición tras condición. Roma había decidido la suerte de Cartago. No importaba cuán dócil se mostrase. Cuando llegó el tiempo, pasó a cuchillo a sus habitantes, destruyó hasta el último muro y sembró con sal los campos desiertos.
¿Queremos ser cartagineses, fantasmas cartagineses?