20100523

Los enemigos de Cuba, puritita invención

El País, el diario principal del Reino de España y elemento clave de su aparato ideológico, publicaba ayer un artículo de Rafael Rojas, titulado "El falso dilema de la transición cubana". No es casualidad que los editores de El País publiquen a Rojas. Se hacen así favor a sí mismos ya que recibió el premio de ensayo Isabel Polanco y así consiguen publicitar el título y poner un ladrillo más en el muro que construyen contra el pueblo cubano. 

El autor parece criticar y responder no a un artículo concreto publicado en "La Jiribilla", revista de cultura cubana, sino a las reacciones que intelectuales y artistas han expresado en ella con relación a la campaña mediática que se desarrolla desde diversos frentes contra Cuba. 

Pretende el señor Rafael desde el inicio de su artículo negar el derecho del pueblo cubano y sus instituciones a defenderse y a criticar a quienes les atacan y critican. 

Desestima a continuación el uso de calificativos precisos y bien merecidos porque a él le parecen muy usados y tacha como "reduccionismo" el recurso a la verdad historiográfica y a la economía verbal. 

Se permite de seguido afirmar que Raúl Castro contrajo una promesa o suscribió un contrato verbal para iniciar un supuesto proceso de transición en Cuba. Olvida este señor Rafael que hay en Cuba procedimientos constitucionales para garantizar la justicia y la pertinencia de las decisiones y que, por ello, en Cuba, las acciones de las instituciones no son fruto de la voluntad unilateral de "dictador" alguno como trata de hacer creer a los lectores de su artículo.

El señor Rafael, cuando llega al meollo de su argumentación, desgrana sus falacias ante el lector disfrazándolas con interrogantes. Afirma, primero, que todo se reduce a una invención "de la ideología oficial", que Cuba no tiene enemigos. Bastaría tal afirmación para que, aun el más tolerante de los lectores, abandonara la lectura del artículo; vence sin embargo la curiosidad por saber hasta dónde llega la estulticia del autor.

Una vez planteada la inexistencia del enemigo —me cuesta creer que el capitalismo no exista, tendrán que disculparme—, el autor procede a la enunciación prolija de los agentes de ese enemigo que, recuerden, el amigo Rafael ha dicho que no existe. 

Llega así al extremo de afirmar —entre interrogantes, a su manera ladina de presentar la falsedad—, afirma digo, que el bloqueo que EEUU aplica y obliga a sus aliados a aplicar contra Cuba persiste por culpa del gobierno cubano. Y en esto quizá deba dar razón al señor Rafael; será que la culpa es de Cuba por no ceder al chantaje, por ser socialista y tener un gobierno revolucionario consciente de que no puede traicionar al pueblo, al contrario de lo que hacen cada día con sus electores los gobiernos paridos por el electoralismo burgués.

Los ataques a Cuba, esta campaña que se pretende en favor de lo bueno y lo bello, buscan eliminar el símbolo poderoso que la Revolución Socialista cubana representa para toda Latinoamérica, ahora precisamente, cuando los pueblos se alzan contra la opresión económica y cultural que la tiranía capitalista ejerce sobre el mundo. 

De nuevo la injerencia capitalista instrumentaliza a gentes de buena intención —y no sólo a traidores, desafectos, resentidos o mercenarios— contra el proyecto socialista de la gran Cuba Revolucionaria. Las empresas de EEUU y la UE presionan a sus gobiernos —monigotes del capital, como se ha visto a las claras en esta crisis— temerosas de ver sus inversiones en Latinoamérica mermadas ante el avance de la justicia social y el creciente deseo de dignidad de los pueblos latinoamericanos. 

La verdadera causa de esta campaña de desprestigio, la razón de este sucio ataque contra la voluntad de los pueblos, la de siempre, cuestión de dinero. ¿Qué esperaban?