Asisto alucinado a la hoguera pública —más bien falla valenciana, cuchufleta y risión— donde se echan a arder las culpas de la Iglesia Católica y las de algunos de sus des-integrantes.
No digo yo que no suban las llamas al cielo, todo lo contrario. Me sorprende sin embargo el olvido generalizado de la inoperancia, la connivencia y la complicidad de los estados que a la hora de linchar a la Iglesia por abusos a menores escabullen su indubitable responsabilidad.
¿Qué ha hecho todo este tiempo —desde, digamos, el 78— el presuntamente democrático Reino de España, contra los pederastas protegidos por la Iglesia Católica? ¿Dónde ha estado el brazo secular? Coja su cruz y propínese los golpes de pecho que exige un buen mea culpa. Pues éso.