España necesita más hombres como Garzón; incómodos para los que están en uno y otro lado del poder, incómodos para los que están arriba, incómodos incluso para los que están abajo. No se dejan controlar, investigan con independencia y hasta tienen ética.
Si consiguen una democracia más justa, más limpia, debemos apoyarlos. Si persiguen la corrupción y el abuso, de cualquier índole, en cualquier ámbito, debemos apoyarlos, aplaudirlos y quererlos.
A Garzón, se le acusa, como a Sócrates, de no reconocer a los dioses —los del Movimiento y la Transición de la Memoria Olvidadiza—; también se le acusa de corromper a los jóvenes. Sí, la voz de Garzón amenaza traerles a la conciencia asesinatos de abuelos y bisabuelos. Temen, ay, que se les ocurra pedir resarcimiento.
Este país debe alimentar a hombres incómodos como Garzón, debe animarlos a seguir siéndolo. Este país debe evitar a toda costa que se administre cicuta a los hombres incómodos.