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20100523

Aznar, qué (mala) cara tienes

Josemari, el único expresidente del gobierno que ha tenido el cuajo de solicitar el sueldo vitalicio por sentarse en el consejo de estado, ha presentado el libro titulado ¿Por qué debemos considerarnos cristianos?, obra de un tal Marcello Pera, senador italiano a quien no tengo el disgusto de conocer. 

Ahora le ha dado por hacer de presentador de libros ajenos y se ha quitado ese inquietante bigotito que tanto gustaba a las señoras cuando era primer canciller de su campechana majestá y, claro, se le ha quedado el rictus escorado a la derecha y el semblante macilento y consumido, tanto que diríasele enfermo. Admitámoslo, la gente tiene derecho a digievolucionar. Qué pena, Josemari, que no te llamaran a presentar uno de Obama.

Josemari asistió al acto sin su cuñado oficial, Pepe Botella —sí, el hermano de su señora de Ansar, Ana Botella—, fichado por el PP para las cosas de Europa, un tipo que debe valer mucho porque ya tiene sueldo para toda la vida. Gerardo Galeote tampoco le acompañó. 

Josemari, que ha dicho y hecho grandes cosas además de arrancarse a mordiscos la camisa azul de Falange, quiere seguir haciéndolas desde la su Fundación para el análisis y los estudios sociales, aka laboratorio de ideas del PP. Dejen que me ría. No es falta de respeto sino prevención. Me explico: 

El oxímoron, que es una especie de ornitorrinco, asoma el pico y se enfurece cuando términos como "ideas" y "PP" aparecen en la misma frase. El remedio prescrito para librarse de su feroz ataque consiste en romper a carcajadas el silencio atronador de una tarde de domingo.

El libro este de Pera viene a decirle a la gente que lo que une a los europeos es lo cristiano cuando todos sabemos que lo que nos une es poner el cazo y apedrear moros y dar dinero a los bancos a costa de los pobres y someternos a lo que diga el amigo americano —someternos en general— además de subvencionar castas sacerdotales y políticas. 

Para terminar de arreglarlo Josemari dijo que la crisis es crisis moral. Venga ya. Esta crisis es de juzgado de guardia, asunto criminal con agravantes, arma de destrucción masiva hasta el punto que habría que invadir EEUU y someterlo a la dictadura del proletariado cuanto antes, no vaya a ser que lo repitan de aquí a unos días y nos vendan a todos como esclavos en algún planeta de AlfaCentauri después de fundirse el Sistema Solar en mariscadas, putas y casinos.

Por cierto, Josemari, aprieta los dientes. No te importe si crujen. Y no los separes hasta que yo te diga.

20100330

La medalla de Aznar

El señor ex presidente de España, José María Aznar —Ansar, para el amigo americano—, gastó 2'3 millones de eurazos del e(u)rario público —383 millones de las antiguas pesetas— en gestionarse o que le gestionaran o gestionasen —tanto monta, monta tanto— la concesión de una medalla del congreso de los EEUU. Para más información, léanlo en El País de hoy mismo.

El señor Aznar, por muchísimo menos, podría haber conseguido un muestrario completo de medallas de santos, incluso milagreras, que sí ayudarían a mejorar relaciones, al menos con la Santa Sede.

Dice mi hermana que Aznar es muy coqueto; me cuenta que siempre que le ve, anda colocándose la mecha y que ahora que le ha dado por la gimnasia se le nota más la vena metrosexual. Le digo que será más bien vanidad antes que coquetería. Cuestión de matices.

Siempre he creído que los méritos terminan por ser reconocidos y que no hace falta que uno abogue por lograr lo que por derecho le corresponde. Ingenuo de mí, ay, infelice. Aznar, en cambio, él sí sabe cómo es el mundo, él sí posee un acendrado conocimiento de sí y de los otros, él sí que sí. 

Que devuelva los millones de inmediato; con intereses. Que se le investigue hasta el último bolsillo por si ha metido mano en el cazo en otras ocasiones. Caiga sobre él la Justicia —que no la Ley, eso en este país ya no lo espero visto lo que se hace con Garzón— con el rigor que ha de sufrir quien no puede negar conocimiento ni intención.

Voy, por mi parte, a tratar de conseguir ayuda financiera para intentar que me concedan la medalla del Nobel de literatura; me han dicho que es muy vistosa de llevar en la pechera. Lo haré con dineros particulares y con el mío propio, que no se diga que le meto mano al cazo.