«Las clases populares viven de su trabajo y además con sus impuestos —que ellas sí pagan—, financian el estado, para que éste garantice servicios públicos y protección social y no para regalar dinero a la banca y posteriormente sufrir recortes y permitir que se amnistíe a los delincuentes fiscales».—Carlos Martínez, El grito de la esperanza
Dicen que no hay dinero público pero lo gastan a manos llenas contra el pueblo y contra los intereses del pueblo.
Hay dinero público para llenar bolsillos privados —esa inyección masiva de liquidez, sin contrapartidas efectivas, que los ciudadanos españoles hemos regalado a los bancos. Por ese regalo, nos vemos ahora como nos vemos.
Hay dinero público para los safaris y cuchipandas del Borbón y su casa. Hay dinero público para financiar y subvencionar a la iglesia católica. Hay dinero público para asumir el coste fiscal de las exenciones de impuestos a la iglesia católica (IBI, IRPF, etcétera).
Hay dinero público para legislar al dictado de la mafia empresarial. Hay dinero público para asumir el coste fiscal de perdonar deudas a Botín y a gentes como él.
Hay dinero público para asumir el coste fiscal de la indecente amnistía a defraudarores y blanqueadores de dinero negro.
Hay dinero público para asumir el coste fiscal que supone la fuga de capitales —por encima de los 40.000 millones de euros anuales, por las grandes fortunas de banqueros y empresarios.
Hay dinero público para una guerra en Afganistán.
Hay dinero público para contratar más policía.
Hay dinero público para equipo antidisturbios.
Hay dinero público para reprimir y castigar la protesta.
Hay dinero público para defender la especulación global.
Hay dinero público para defender oligopolios privados (Repsol). Hay dinero público para los intereses de la industria farmacéutica. Hay dinero público para implantar el re-pago sanitario (en vez de abaratar el coste de medicamentos y rechazar el blindaje de patentes).
Hay dinero público para mantener los opíparos privilegios de la clase política. Hay dinero público para el enchufismo y el despilfarro en las Comunidades Autónomas, Diputaciones, Ayuntamientos o en esa inutilidad llamada Senado donde, a modo de cementerio de elefantes, siestean antediluvianos parásitos políticos.
«...el pacto de la transición, se ha roto. Lo ha roto la derecha y los grandes partidos del sistema. Ya no valen las soluciones del consenso, porqué nos están machacando y lanzando a la miseria. Nos están engañando y mintiendo. Nos han tomado el pelo».—Carlos Martínez, El grito de la esperanza
Véase asimismo «Marianico, en su nirvana franquista».