Los políticos son idiotas, en especial los que nos gobiernan; porque son idiotas debemos desalojarlos de sus cargos. A la vista de sus actos y para evitar que persistan en dañar los intereses ajenos tanto como los propios, han de ser privados de sus derechos mercantiles y patrimoniales o, mejor, de toda capacidad legal. Así pues, queden bajo tutela de un adulto responsable, capaz de hacerles tragar toda la papilla que han ayudado a cocinar.
Y digo que son idiotas porque es lo mejor que puedo decir de ellos. El primer ministro del reino, el señor Zapatero, un idiota; su ex-vicepresidente de gobierno, un idiota; los ministros en general, idiotas; el señor Rajoy y los suyos, también idiotas; los políticos antecesores —Aznar, González y demás—, idiotas asimismo. Del rey baste decir que es heredero y cómplice de Franco y su Movimiento fascista.
Al llegar a Franco, nos detenemos asombrados, el corazón encogido. Aquí el término adquiere otras resonancias. Terrorismo, asesinato craso y lato, crímenes contra la humanidad; esto es lo que han procurado y sido los fascistas españoles para este país —sí, fascistas, sí, vosotros sois los terroristas—, asesinos sin justificación ni perdón posible que urdieron y ejecutaron el golpe contra el orden legal establecido democráticamente de la IIª República; asesinos que tras cuarenta años de pillaje, al objeto de entregar a sus cachorros un país que pudieran descuartizar para su provecho en los cónclaves financieros de las bolsas mundiales, escenificaron un timo de la estampita, variedad lentejas; o lo tomas o lo dejas. A los españoles nos llevan gobernando así los últimos setenta años. Sí o sí.
Y digo que me den las gracias los políticos de hoy por llamarlos nada más que idiotas; el resto de las hipótesis los dejaría al borde del juicio sumarísimo y en trance de ofrecer el cuello a la guillotina si tuvieran la desgracia ellos —y nosotros la dicha— de vivir en un estado decente.
Cabe preguntarse, a la vista de la crisis que vivimos, de los ataques continuados contra el euro y la deuda soberana, el asedio contra el estado como garante de libertades y bienestar y contra la Europa de los pueblos, cabe preguntar qué habrán hecho los políticos y qué demonios deben a los bancos —al capital—, qué trapos sucios conoce la banca de cada uno de los políticos como para que sigan la senda marcada por la "troika" y sus secuaces y accedan a liquidar, a enajenar en favor de entes privados, la riqueza de la nación e hipotecar por generaciones las vidas de los ciudadanos.
Y si la banca no supiera nada, por la razón que fuera —porque no se sabe (los políticos son idiotas pero astutos) o porque son intachables a la hora de rendir cuentas a la hacienda pública—, entonces cabe afirmar que los políticos cometen traición continuada contra el pueblo a quien dicen representar. Sí, traición contra el pueblo aun cuando el verdadero «representado» de los políticos no sea el pueblo sino el partido que los designó. Aquí es donde comienza la traición. Han falsificado los conceptos y pervertido a jóvenes y ancianos —llaman a lo blanco, negro; a la dictadura, democracia; a la libertad, libertinaje; al partido, pueblo; a la monarquía, república; al expolio, ayuda…— y se dedican al latrocinio más descarado, a la promoción y apoyo de la tradicional explotación del pueblo por las clases dominantes. Señores, hemos vuelto al siglo XIX; sin duda por nuestro bien.
La última opción y la más probable, que los políticos sean sencillamente individuos corruptos —por tanto, abyectos y despreciables— que por beneficios presentes o futuros —me cuesta creer que lo hagan por puritita idiotez, gratis y de puro manirrotos o por descuido del dinero ajeno, es decir, público—, estos políticos y sus cómplices necesarios técnicos y administrativos entregan el patrimonio público, la riqueza de las generaciones de presentes y futuros españoles a intereses extranjeros, a multinacionales, a especuladores cuya nacionalidad es lo de menos porque lo que importa es que no es para nosotros, el pueblo español para quien procuran.
Sólo cabe preguntarse, ¿cuándo iniciamos los procesos judiciales contra los traidores, los corruptos o los idiotas?
Mientras nos decidimos a actuar, leamos Las causas políticas de la crisis del profesor Vicenç Navarro.