Al enterarme de que el gobierno del Reino de España decide atender las ¿presiones? de las grandes empresas y se declara a favor de romper la llamada neutralidad de la red, se me ha despertado la gana de escribir una de mis sesudas reflexiones sobre la realidad y tal.
Lo que hila el gobierno es la concesión de una licencia para matar a favor de los propietarios de la red física que, animados por el resentimiento, la avidez y el deseo de lucrarse —no fueron capaces de ver las posibilidades—, quieren llevarse un trozo del pastel de la empresas que operan en "sus redes", exigen un cambio de reglas que convenga a sus bolsillos.
Sumario: Los propietarios de la red física quieren subirnos el precio y bajarnos la calidad de las conexiones.
Lo tremendo es que el gobierno del Reino de España apoye las intenciones de estas empresas.
De qué me extraño.
Cómo no habría de hacerlo un gobierno que ha traicionado a la clase que todavía hoy pretende representar, entregado la soberanía de este Reino de las Taifas a las exigencias de Wall Street, a sus zombies vampiro —FMI, BM— y a sus monstruos de Frankenstein —EEUU y EU—, el más liberal de los gobiernos desde que se murió el enano.