El pasado día siete, El País publicó un cuadernillo publicitario sobre Marruecos, un extra confeccionado por una empresa ajena al diario, tal como proclaman los créditos del cuadernillo en su página dos. Allí se expresa con meridiana claridad que «La redacción de EL PAÍS no ha participado en su elaboración». Sin embargo Ediciones El País, s.l., con toda probabilidad sí se ha embolsado, recuérdenlo para más adelante, el montante correspondiente a la publicación de tal cuadernillo.
En una de las páginas, pagadas por Marruecos, en concreto la página doce, se incluyen como marroquíes las ciudades del Sahara ocupado: Bojador, El Aaiun, Dajla, Smara y Cabo Juby, denominándolas como "el Marruecos Sahariano" y en la grafía afrancesada del invasor alauita. <Más detalles>
¿Publicaría El País un cuadernillo pornográfico para un tercero? Creo que no. Por razones obvias. Recuerden, nadie confunde publirreportaje con editorial ni con opinión editorial, ni siquiera con opinión a secas. Estamos seguros de que la misma redacción de El País, esos hombres y mujeres que trabajan allí, tendrán cada uno sus ideas y seguramente no habrían querido tener nada que ver con la confección de esa publicidad. Son periodistas serios, nadie lo ponga en duda, y sus jefes nunca se habrían atrevido a mandarles que confeccionasen un objeto tan alejado de su órbita profesional y rigor. Los periodistas no son publicistas. Ni escritores de textos publicitarios. Los periodistas son algo más. Mucho más. Muchísimo más. Son garantes, gracias a su rigor profesional, de la objetividad informativa, de esa pureza de intenciones imprescindible a la hora de enfocar los hechos para evitar sesgos —cualesquiera— siempre indeseables. Nadie será capaz de dudar de tan perfecta y sincronizada bondad periodística. ¿O sí?
La cuestión es que, en este caso, no se trata de opinión sino de intereses. Por sus actos se les juzga, no por sus palabras. El País se ha retratado. En su editorial podrá cantar misa y apoyar al espíritu santo. Pero ha cogido la pasta. El País, en persecución de sus intereses —dignísimo objetivo—, ha publicado un elemento con el que no está —quizás— plenamente de acuerdo. Y sin embargo, lo ha publicado. A pesar de la calidad de sus firmas, de su trayectoria, de su rigor y seriedad, a pesar de su opinión editorial que —así queremos creerlo— estará de todo punto junto a las resoluciones de la Organización de Naciones Unidas y del derecho internacional.
¿Habrá considerado El País la influencia de tal publicación? Sin duda esas páginas que El País no ha confeccionado han hecho creer precisamente aquello que podría llamar a confusión. Recuérdenlo: algún día Marruecos usará este cuadernillo —y muchas otras "pruebas" fabricadas—, la fecha de su publicación y el medio en el que se publicó para apoyar reivindicaciones espurias y justificar unos derechos que como invasor no puede tener. Al tiempo.
¿Habrá considerado El País la desilusión, la desmoralización de los propios saharauis al ver publicada esa página doce? Porque es contra ellos contra quien ha sido concebida y publicada esa página —y muchas otras—, no lo duden.
El País me ha desilusionado. Una vez más. El País debería haber dejado este trabajo sucio a otros. ¿Es El País otro mercenario?
Los imagino dolidos, desengañados, tristes al comprobar cuán nula es su capacidad de llamada y cómo el dinero abre todas las puertas a Mohamed VI a pesar de las declaraciones de Naciones Unidas, del derecho internacional y del estatus indubitable del Sáhara Occidental como territorio no descolonizado a la espera de ese referéndum que no llega.
El pueblo saharaui lucha por un Referéndum de Autodeterminación, por un Sáhara libre. Felipe González dijo que estaría con ellos hasta la victoria final. Dónde está Felipe González. Dónde la victoria. España les debe algo. España ha de estar a su lado. Sin embargo, a los saharauis no les hace caso ni Rita la cantaora. Y eso que llevan razón. Toda la razón. Y con su razón, intentan llamar la atención por todos los medios a su alcance. ¿Es lo suyo sensacionalismo? Sí; si los gritos de auxilio son sensacionalistas. Llevan gritando desde 1975. Nadie parece escucharles.