El FMI no beneficia a los poderosos. Los sirve. Sus economistas —al menos los de alto nivel— ni son incompetentes ni torpes; son mercenarios. No trabajan en pro de la verdad científica ni de la bondad ética. De ahí que no tengan necesidad de pensar siquiera en los problemas que se les propone. Aplican sin más las recetas encapsuladas que los amos demandan.
El FMI es la legación enviada para reforzar el poder imperial en las lejanas provincias y en los reinos orientales, administrados por reyes conquistados que adeudan su trono al sentido práctico del Imperio.
Lean el artículo del profesor Juan Torres López, "Las propuestas miserables del Fondo Monetario Internacional", en su sitio Ganas de escribir.