Ya tardaba en aparecer la mano negra dirigida desde las cloacas del estado; por supuesto que ha estado ahí todo el tiempo, no lo duden, y los incidentes de ayer en Barcelona muestran su acción y desarrollo.
Los medios desinformativos —lacayos del poder financiero y la derecha— redoblan desde ayer con toda fruición su labor de zapa y derribo contra el 15M. Sin embargo, si el 15M fuera una empresa, sus acciones cotizarían al alza. Las causas son obvias.
Lo que los medios no pueden hacer, lo que no puede hacer la propaganda es cambiar la realidad vital de los cinco millones de parados ni la de sus familias; tampoco la de esa mitad de jóvenes que no han encontrado ni encontrarán un primer empleo. Un empleo que, por cierto, gracias a las repetidas reformas laborales, no puede ser ya más que esclavitud a tiempo parcial, sin posibilidad de obtener una pensión. Y estos males, ya lo son para todos. Por cierto, hagan números; así, a la baja, hay en España unos veinticinco millones de habitantes que no tienen claro si mañana o la próxima semana podrán comer o dormir bajo techo.
Lo que no puede hacer la propaganda es cambiar la realidad de los desahucios, la situación de miseria a la que nos arrojan las nuevas exigencias de la corte de Bruselas, la bajada de salarios, la subida de impuestos a los de siempre y el agravio comparativo de perdonarle los dineros a los ricos con la excusa falaz de que eso no ayudaría a la creación de nuevas empresas ni, por tanto, a la de puestos de trabajo. Basta ya de mentiras. Llevan décadas con la murga de la creación de puestos de trabajo.
Lo que no puede hacer la propaganda es cambiar la desastrosa realidad institucional de este reino cocotero que dicen monarquía parlamentaria y no es sino impostura perpetrada por el régimen franquista —régimen terrorista y dictatorial— para perpetuarse más allá de la figura del comandantillo.
Lo que no puede cambiar la propaganda es la inmensidad de la deuda ni la dinámica estructural del capitalismo. Las dos Españas están ahí, dispuestas para la foto. A la espera de ver cuándo se rompe la cámara.