Se anuncia el asesinato de Bin Laden cuando la popularidad del presidente de EEUU, el decepcionante Obama, se encuentra en horas bajas.
Obama no ha cumplido las promesas que hizo a su electorado ni al pueblo estadounidense. Obama no ha cerrado Guantánamo —ni a los diez meses como dijo ni lo hará en mucho, mucho tiempo—, no ha dotado a sus conciudadanos de sanidad pública ni retirado ejércitos sino todo lo contrario, tampoco ha logrado controlar a los mercados ni elevar los impuestos a los ricos ni transformar la política interna de su país. Les remito a sus discursos para una lista exhaustiva de promesas incumplidas. Cuánto se le parecen en esto de incumplir nuestros partidos y políticos.
Además —¿sobre todo?— EEUU vota este mes en el Congreso la renovación de la infame Patriot Act, la ley que permite ciscarse en las libertades y derechos civiles. ¿Casualidad? Por supuesto que no. Ya se escucha el rumor de los «inminentes ataques terroristas» y se eleva el nivel de alarma efectiva.
El asesinato —que no la muerte— de Bin Laden catapulta a Obama hacia el futuro electoral que había perdido.
El actual director de la CIA, Leon Panetta, hombre de confianza de Obama, pasará en julio a controlar el Pentágono. Antes de cambiar de puesto ha querido cerrar su paso por la central de inteligencia con la hazaña épica de arrancar la cabeza de la hidra Al Qaeda, a modo de obsequio y guardavientos para su señor Obama el decepcionante.
Si como proclaman, la caza y asesinato de Bin Laden el villano, es venganza y medicina preventiva, se han lucido. Convendría al señor Panetta y asesores echar un ojo a la casuística del cuento y la mitología. Quizá lo hayan hecho y lo que buscan es animar el fuego.
Si querían dejar a Laden como villano, al final lo han convertido en mártir, en héroe. Resulta que en la casuística del cuento y la mitología el cuerpo del héroe no recibe sepultura y, en consecuencia, se rinde homenaje a su memoria en múltiples templos y lugares. Si no querían un lugar de peregrinación, van a tener cientos.
Como los héroes mitológicos, Bin Laden logró —al menos se le adjudica— una «victoria» sobre un gigante, un dragón o un reino —el primer ataque en suelo continental de EEUU, el 11-S—; como «rey» de Al Qaeda durante algún tiempo dictó leyes, «fatwas» en su caso; perdido el favor de los dioses imperiales es expulsado de la ciudad global hasta encontrar una muerte misteriosa en lo alto de una colina —precisamente lo que EEUU le ha proporcionado, misterio y martirio—, los hijos del héroe no le suceden y su cuerpo no recibe sepultura —EEUU dice haberlo arrojado al mar…, veremos en adelante dónde recibe homenaje su memoria.
EEUU tenía la obligación de capturarlo vivo y ponerlo a disposición judicial. En cambio ha obrado como lo hacen sicarios y pistoleros. El gobierno de EEUU debía ofrecer a su pueblo el juicio de este hombre, un ritual público y curativo por las heridas infligidas en el 11-S. Sin embargo lo que se ha hecho es alimentar las brasas de futuros incendios.
Hay fuerzas en el gobierno, las instituciones y la economía estadounidenses que si no han diseñado lo que se ha dado en llamar «terrorismo internacional» sí desde luego lo alimentan para alcanzar sus objetivos. Nada mejor que un lobo para someter aún más a las ovejas.
El comportamiento de los poderosos, cuando se conducen injustamente, provoca descontento y rencor entre los débiles y surge una pregunta, ¿serán los pastores malvados lobos disfrazados? No lo duden. Duden en cambio de las razones, pruebas y circunstancias que EEUU aduce sobre el asesinato.
De aquí a unos días, sabremos además cómo Bin Laden ha subido a los cielos a reunirse con el profeta. Y cómo se renueva la Patriot Act.