20100313

La Europa sintética

Europa, la Unión Europea, es un invento del capital —otro más. Lejos queda la etiqueta acuñada para sorberle el seso al ciudadano: "La Europa de los pueblos". Estamos ante la Europa de las multinacionales. Europa ya no está formada por sus gentes sino por empresas y productos y cuotas de mercado. Europa se ha desviado de aquel gérmen fundacional que subyace en lo cultural, aquel gérmen esencial cuya medida era lo humano. 

Asisto inerme al derrumbe de mis esperanzas ante la gran mentira de las democracias representativas. No podía ser de otro modo. ¿A quién representan? A los fondos de inversión, a las multinacionales, al capital. La inmensa mayoría, las gentes anónimas, la masa, no contamos. Somos la coartada de la avaricia, el combustible de la máquina. Deberíamos ser el fin pero somos medio, mera herramienta…, ¿para lograr —obtener— qué objetivos?

El llamado Estado moderno exigió para su advenimiento domar a los nobles, derruir sus fortalezas y sus finanzas para que un monarca absoluto recibiera todo el poder en sus manos, templado por una suerte de asamblea. Han pasado los siglos y la evolución deseable de tal estado hacia formas de libertad colectiva ha sido pervertida y estamos como al principio: reyezuelos, virreyes, barones y grandes del mundo se han encarnado en las fuerzas —que se nos quiere vender ciegas— del mercado, esas empresas sacrosantas que han tomado al estado, a los gobiernos y a los pueblos como rehenes. 

Viene esta historia a cuento de la comercialización de nuevos transgénicos aprobada por la Comisión Europea esta semana pasada, a cuento viene de la catástrofe financiera creada por esos nobles de nuevo cuño, los apóstoles del mercado libre y la desrregulación financiera. Su credo: déjese a las empresas hacer lo que deseen y todo será maravilloso.